Juan De Dios Sian Zaldívar (Dr. Chan Bon Bian), también llamado popularmente “El médico chino”
(18..?-1885). Célebre médico procedente de Cantón, China, que al arribar a Cuba
rápidamente alcanzó celebridad por sus continuos éxitos en el tratamiento de la
más diversas enfermedades, de ahí, que cuando algo resultaba imposible de
resolver, el refranero popular acuñó la frase de : “esto no lo arregla ni el médico chino”, expresión que ha sobrevivido al paso del
tiempo en Cuba.
“No lo arregla ni
el médico chino”
Lo que hoy es Palestina, fue poblado por primera
vez hace ya 90.000 años con migraciones procedentes del norte de África de la
que ya no quedan, por supuesto, vestigio alguno. Hace 40.000 años oleadas
procedentes igualmente del norte de África, Golfo Pérsico y Medio Oriente la
habitaron. Hacia el 2.000 a.c., la región pasó a ser ocupada por pueblos de
lengua semítica (fenicios, cananeos y hebreos), logrando los fenicios la
hegemonía y fundando ciudades; los pelesets se establecieron caracterizándose este
periodo por constantes enfrentamientos entre estos y los hebreos, vecinos de
los sedomitas, moabitas, ammonitas e ismaelitas. La existencia de una ciudad
cananea denominada Ourousalim (Jerusalén) queda comprobada en escritos
que datan del siglo XXI a. c. En el siglo XIV a.c., una parte del
pueblo hebreo establecido en Cannán emigró a Egipto, como consecuencia de la
hambruna que asoló dicha región; éstos fueron acogidos por Egipto y trabajaron
para los egipcios. Se suele afirmar que los egipcios tomaron al pueblo hebreo
como esclavos, pero esta afirmación carece de solides, toda vez que la cultura
egipcia no contemplaba la esclavitud como sistema productivo, sino que existía
lo que históricamente se ha denominado corvea,
es decir, un sistema mediante el cual quienes no podían hacer frente al pago de
los tributos con la cosecha, debían hacerlo a través de su trabajo, es decir,
trabajando para el Faraón. La deuda de corvea era de común heredada por los
descendientes de las familias objeto de la misma, de cuya suerte, existía
siempre un miembro de la misma atrapado dentro del sistema de corvea; por esta
razón, entre otras, en el siglo XIII a. c. los hebreos se revelaron y
regresaron a Canaán, la denominada "tierra prometida. Este retorno se conoce
históricamente como éxodo, y aparece tratado por Nicolás de Damasco, Artapano
de Alejandría, Filón y Josefo y otros, así como en las conclusiones de
importantes estudiosos contemporáneos de dicha cultura y recientes hallazgos
arqueológicos (como se puede observar he eludido totalmente la utilización de
textos religiosos, los cuales a mi juicio son importantes para el estudio del
comportamiento de la formación social hebrea, no así para esclarecer su devenir
histórico, por la imprecisión y confusión que crean en no pocos casos los
referidos textos y además, para evitar
que tomaran su uso, como prueba de que yo personalmente me inclino más a un
bando que a otro, cosa que ni remotamente es cierta). En fin, nada de textos
religiosos, ni los de un lado, ni los del otro.
Cuando la dinastía asmonea consigue liberarse del
yugo seléucida ésta logra gobernar al
pueblo judío durante todo un siglo, desde el 164 a. c. hasta el
63 a. c. aproximadamente y es cuando finalmente, el país es sometido
a la Roma por Pompeyo. La Primera Guerra
Judeo-Romana (66-73) se produce cuando
los judíos se sublevaron por primera vez contra Roma. Con esta guerra se
produjo la conquista de Jerusalén y la muerte de más de un millón de judíos,
dando lugar a otro gran éxodo por parte de los sobrevivientes. Durante tres
años, desde el 132-135 con la rebelión de Bar Kojba, las fuerzas judías
resistieron al Imperio romano, hasta que finalmente fueron aplastados por el emperador
Adriano. El fracaso de esta rebelión judía, ocasionó su expulsión definitiva
del país y la reconstrucción de Jerusalén como una colonia romana con el nombre
de Aelia Capitolina. Una vez destruido el “Estado” judío y exiliada la
mayor parte de su población, los romanos cambiaron intencionadamente la
denominación del país, que pasó a denominarse Siria Palestina o simplemente
Palestina, un nombre derivado de los antiguos adversarios de los judíos, los filisteos;
cabe señalar que el Mishná y el Talmud fueron escritos posterior a estas fechas
y en pleno exilio.
Dividido el Imperio romano, Palestina estuvo bajo
el dominio de Bizancio hasta el año 639, en que se produjo la conquista árabe.
La dinastía Omeya (661-750), pese a los múltiples y complejo problemas sociales
y étnicos del territorio conquistado, no tuvieron que afrontar grandes problemas
nacionales (entre las distintas etnias presentes en dicho imperio, y
especialmente entre los árabes y el resto de las etnias), tampoco se produjeron
enfrentamientos entre las distintas comunidades religiosas, ni entre los no
musulmanes y el poder central. El Califato
de Bagdad o Califato Abasí, sucedió al Omeya, que a su vez fue substituido
por la dinastía de los turcos Selyúcida hacia el 1071.
Entre 1096 y 1244 alentado por la corriente
religiosa, la pérdida de poder de Bizancio frente a los turcos y la total
imposibilidad de peregrinar a Jerusalén,
la nobleza europea emprendió la Santas Cruzadas. La 1ra. Cruzada se
produjo en el 1099 y finalizó con la conquista de Jerusalén y el
establecimiento de 4 Estados Cruzados en oriente medio, entre estos, el
denominado Reino de Jerusalén. La toma de Jerusalén por los cruzados supuso una
amplia matanza, que no estableció diferencias entre judíos y musulmanes. En las
décadas siguientes se produjeron el asentamiento de colonos europeos
(cristianos), en especial italianos y francos, todo ello marcado por un notable
incremento comercial impulsado por las Repúblicas marítimas. Jerusalén sería
conquistada en el año 1187 por Saladino (dinastía Ayubí), sultán de Egipto y de Siria. La Tercera
Cruzada supuso la supervivencia del Reino de Jerusalén, para esta época
convertida ya en una estrecha franja de tierra próxima a la costa. La dinastía
Ayubí sería más tarde substituida por la de los Mamelucos hacia el 1250, que
acabaron con el Reino de Jerusalén.
El Imperio
otomano sometió la región en el 1517, cuya dominación se prolongó cuatro siglos
hasta 1917, durante los cuales fue parte del vilayato Damasco-Siria (provincia
Otomana), manteniéndose una población judía que varió en número con el paso de
los siglos. Hacia 1896 los judíos ya constituían la étnia mayoritaria en la
región, especialmente en Jerusalén
Hacia 1881 habían comenzado las tres grandes
oleadas de regreso de los judíos a Palestina que contaron con la resistencia
por parte de los árabes. En las primeras décadas del siglo XX, muchos de estos
ataques fueron promovidos por Amin al-Husayni;
éste líder palestino durante décadas, era un convencido antisemita, se
convertiría años más tarde en el
principal aliado árabe de Adolf Hitler.
La denominada población árabe-palestina, también
habitó esa zona desde épocas inmemoriales, coincidiendo como se ha visto,
muchas veces en el tiempo con los hebreos, pero con la diferencia de que siendo
de formación multiétnica, aparece disuelta como componente importante en los
diferentes momentos históricos con un arraigo común que es la lengua árabe y si
a esto agregamos el hecho de que regularmente dichas poblaciones nunca tuvieron
un asentamiento significativo, por su absoluta movilidad poblacional, al contrario que Israel, resulta confusa la
identificación de un hogar definido dentro de la trama de su formación histórica.
Es conocido el hecho, de que las poblaciones eminentemente nómadas,
regularmente resultan “arqueológicamente
invisibles” y si a esto se suma, que importantes periodos de su devenir
histórico acusan enormes “zonas de
silencio documental”, por carencia absoluta de testimonios escritos que
arrojen luz sobre determinados hechos en los que pudo estar envuelto como
cultura más o menos dominante, poco puede de momento conducirnos a un estado
conclusivo. Si es un hecho irrebatible que tanto árabes-palestinos, como
israelíes, tienen en la zona denominada Palestina, raíces que la convierten en
un hogar común pese a las diferencias existentes.
En 1920, Palestina le fue adjudicada al Reino
Unido por mandato de la Sociedad de Naciones (actual Naciones Unidas) para su
administración; finalizada la 2ª Guerra Mundial, se mantuvo este status
administrativo, no obstante, en 1947 con el estallido de una violencia
incontrolable entre musulmanes y judíos, Gran Bretaña decide su retirada
unilateral de Palestina y la puesta de su destino en manos de las Naciones
Unidas, cuyo Consejo de Seguridad acuerda crear dos estados, uno Palestino y
otro Israelí, otorgándoles una cantidad de territorio similar a cada uno de
ello, la Liga Árabe se opuso categóricamente al acuerdo de la ONU y anunció que
procedería contra dicho acuerdo, incluso con el uso de las armas si fuera
necesario. El 14 de mayo de 1948, unas
horas antes de finalizar el mandato británico sobre el territorio de Palestina,
el Estado de Israel fue proclamado en el territorio otorgado por el plan de las
Naciones Unidas y en las 24 horas siguientes, 5 naciones árabes declararon la
guerra al naciente estado judío y en estas batallas Israel perdió parte de los
territorios otorgados por el referido Mandato de Naciones Unidas y conquistó
otros que sumados superaban el 25% de lo que habían recibido en el reparto. A
partir de esa época se producirían serios enfrentamientos como la Guerra del
Sinaí en 1956.
En 1967 tuvo lugar la conocida como La Guerra de los Seis Días. Al iniciarse
la retirada de los Cascos Azules de la frontera con el Sinaí, se llevó a cabo
el bloqueo de los estrechos de Tirán y se iniciaron movimientos amenazantes de
tropas de Egipto, Siria y Jordania al otro lado de la frontera, las que junto a
la concentración de tropas iraquíes y kuwaitíes y de otros países árabes con la
marcada intención de atenazar a Israel, éste país decide entonces tomar la
iniciativa y pasar a la acción atacando
a Egipto. A pesar de que los árabes confiaban en la capacidad de su alianza
para derrotar definitivamente a los israelíes (confiaban en la actuación de sus
550.000 efectivos, los más de 2.000 tanques, 1.000 aviones y centenares de
cohetes de fabricación soviética) fuerzas entonces cinco veces superiores a las Israelíes; no
obstante, el conflicto rápidamente se inclinó en contra de la facción árabe,
Israel conquistó territorios de Egipto y de la península del Sinaí hasta el Canal
de Suez
En 1973
Egipto recuperó en ataque relámpago la ribera Este del Canal, durante la
llamada guerra de Yom Kipur; pero el ejército de Israel, recuperado de la
sorpresa inicial, cruza el Canal, y avanza situándose a sólo 101 kilómetros del
Cairo; en tanto que en respuesta al ataque de Siria a las posiciones israelíes
en las Alturas del Golán, Israel responde
con una ofensiva, logrando avanzar hasta situarse 32 kilómetros de Damasco, la
capital Siria. Tras estas respuestas contundentes por parte del ejército
israelí, Egipto firma la paz con Israel, convirtiéndose junto a Jordania en las
únicas dos naciones árabes en asumir dicha postura. Con los Acuerdos de Camp
David, Israel devuelve la Península del Sinaí y más tarde por decisión propia y
de forma unilateral, devuelve la Franja
de Gaza.
Israel ha contado durante las últimas décadas de
la ventaja de ser aliado de Estados Unidos. Norteamérica por su parte ha
fomentado dicha alianza por dos elementos básico, por un lado, porque
Norteamérica ha sido objeto de una fuerte presión ejercida por el poderoso
“lobby judío” establecido con fuertes raíces en la economía y política de
Norteamérica y por ser Israel el único estado en el medio oriente con una democracia
parlamentaria, con un sistema pluripartidista y separación de poderes con sufragio
universal, con clara similitud al Occidental (aunque muy lejos de la
perfección), todo esto ha proporcionado a Israel la posibilidad de recibir de
Estados Unidos más de 3.000 millones anuales en ayuda militar, si bien no
recibe ninguna para su desarrollo económico, por considerar Estados Unidos que
Israel es autosuficiente económicamente y por tanto no necesita de dicha ayuda;
no obstante, estas ayudas permiten al estado hebreo no desviar recursos propios en el rearme constante de su poderosa
maquinaria bélica.
La Autoridad Nacional Palestina recibe por su
parte, partidas fijas que suman 4.800 millones de dólares anuales en ayudas
procedentes fundamentalmente de Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá y New
Israel Found, a lo que habría que sumar 55 millones de dólares que anualmente
recibe del gobierno de Israel como parte el pago de los derechos Aduanales, pero desafortunadamente, gran
parte de este dinero es utilizado en financiar la guerra contra Israel,
destinándose enormes partidas para la compra de armamento, explosivos, construir
túneles, elaborar propaganda antiisraelí y a reconstruir los daños ocasionados
por las incursiones militares de Israel, muchas veces provocadas por las
propias fuerzas palestinas, que alimentan las trasnochadas intenciones
hegemónicas de las facciones más extremas del
sionismo. La población árabe-palestina acusó un notable crecimiento de
su desarrollo económico en la época en que la extinta URSS le suministraba
gratuitamente armamento a la OLP, lo que demuestra nuestro comentario; pero hoy
en día se encuentra sumida en una galopante pobreza.
Hay que destacar, que los éxitos militares de
Israel hicieron que desde los primeros momentos se desarrollara entre alguno de
sus líderes más extremistas, la mentalidad geopolítica de que podían ir ganando
territorios en el Medio Oriente y convertirse en gendarmes de la zona, ello,
sin dudas a ha agudizado el conflicto. Por otro lado, estás ambiciones
expansionistas en detrimento de la población palestina, han sido planeadas
cuidadosamente por partidarios de la expansión sionista a sabiendas de que hoy con
un cuidadoso trabajo de inteligencia, pueden lograr agudizar la confrontación
árabe-israelí, sin necesidad de provocar conflictos artificiales para llevar a
cabo sus planes; un análisis de la situación política de la región, ha llevado a los estrategas sionistas a la
conclusión de que basta con esperar pacientemente la reacción de sus enemigos,
a menudo ejecutores de políticas absurdas y por tanto proclives a ataques
terroristas e incursiones armadas, que proporcionan en cada momento, el
pretexto adecuado para una respuesta militar por parte de Israel. Pongo un
ejemplo, el régimen de Castro ha sido desde siempre un enemigo visceral de
Estados Unidos, en esta confrontación dialéctica, USA ha ejecutado acciones,
cuya respuesta por la parte cubana ha sido regularmente, la condena ante
organizaciones internacionales o la acción contra los “enemigos internos” o el
recrudecimiento de las actividades espionaje en territorio norteamericano (la
muerte de un guardia fronterizo cubano en la década de los 60, provocó el corte
de suministro de agua potable por parte de Cuba a la Base estadounidense de
Guantánamo); pero lo que nunca ha pasado por la mente calenturienta de los
gobernantes cubanos (en eso han sido muy astutos), ha sido la de responder con
una agresión directa al territorio estadounidense, pues son consientes de que
ello provocaría una respuesta militar apocalíptica; en menos de lo que “canta
un gallo” el Pentágono ordenaría realizar un
bombardeo quirúrgico, y la 8va. División ocuparía el territorio cubano,
luego ya veríamos el resultado de todo ese rollo de la guerra de todo el pueblo y la capacidad para hacerle la vida
imposible al agresor a través de una guerra irregular, pero en principio
jodería a la Isla y machacarían a sus
habitantes.
Cada vez que Hamás lanza un misil a territorio
Israelí, está sirviéndoles en bandeja el pretexto para una respuesta, que
regularmente es sobradamente
desproporcionada. Más nos vale que la Autoridad Nacional Palestina
renuncie a los ataques e incursiones terroristas y que Israel abandone por su
parte, su política desfasada de intento de sometimiento forzoso de nuevos
territorios árabes palestinos y su pretensión trasnochada de convertirse en
gendarme del Medio Oriente; y que ambos se sienten de una puñetera vez a discutir
la búsqueda de una solución pacífica y definitiva del conflicto, que conlleve a
la aceptación por ambos bandos de que deberán sobrevivir unos juntos a los
otros, pese a sus profundas diferencias políticas, religiosas y de cualquier
otro tipo. Y cuando esto ocurra, la comunidad internacional deberá velar real y
celosamente por el cumplimiento de dichos acuerdos. Es hora de que ambos bandos
entiendan de una vez por todas, que no hay otra salida; el Estado de Israel no
puede desaparecer, como tampoco el Árabe- palestino, ambos gozan del
reconocimiento legítimo de cientos de naciones en todo el mundo y eso no puede
ya echarse para atrás, ¿coño, es tan
difícil de entender?. Que cese la borrachera de odio. Ya habrá tiempo para
negociar la retirada de los territorios ilegalmente ocupados por Israel, la
devolución de prisioneros de ambas partes, el establecimiento de normas de
convivencia entre los dos estados y el cese total de las hostilidades entre
ambos, que se pidan perdón mutuamente por las atrocidades que han cometido los
unos y los otros; repito, que se acepten mutuamente, ese es el principio básico
para negociar todo lo demás. Ni los israelíes, ni los árabes palestinos son
alimañas que deben ser exterminadas, son personas como yo o como aquel que está
sentado en un parque ahora mismo dando de comer a las palomas, que a lo único
que aspiran es a vivir dignamente y en paz y que desean dejar de ser
manipulados por gobernantes de ambos bandos que pretenden apagar el fuego con
gasolina. Más vale que tanto unos como otros reflexionen, entiendan todo esto y
revisen sus posturas, o señores míos, el conflicto entre palestinos e
israelíes “no lo va a arreglar ni el médico
chino”.


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